ERASMUS OUT – IRENE EN WAGENINGEN

A continuación, la alumna Irene Calabuig López del grado de Biotecnología de la Universidad Católica de Valencia nos cuenta su experiencia Erasmus en la Universidad de Wageningen (Holanda).

 


 

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Ciudad de Wageningen.

“Soy Irene Calabuig López, estudiante de 3º de Biotecnología en la UCV y he podido disfrutar de mi Erasmus estudios en Wageningen, Holanda. Wageningen es una ciudad acogedora de unos 37.000 habitantes y a tan solo una hora y media de Amsterdam en tren. Es conocida por su universidad, ya que se encuentra entre una de las mejores en el campo de las ciencias de la vida. El campus es muy bonito de ver, además cuenta con varios edificios en lo que se imparten las diferentes clases y prácticas, un centro de deportes y empresas.

Personalmente, me siento muy afortunada de haber estudiado aquí, ya que me ha enriquecido en nuevos conocimientos. Aquí el cuatrimestre funciona de diferente modo a España, se divide en tres, lo que significa que había que organizarse muy bien porque cuando menos te los esperabas tenías los exámenes a la vuelta de la esquina. Además, los holandeses son muy eficientes con todo, lo que significa que las clases suelen ser intensas. Cuando más costó fue el primer periodo, ya que tocaba instalarse en la ciudad y a la vez llevar al día las clases. Pero al final uno se acostumbra.

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Vistas desde el campus de la Universidad de Wageningen.

Yo tenía muy claro que me quería ir de Erasmus, y la verdad es que no pude tomar mejor elección. Te vas con nervios al principio, no sabes qué te vas a encontrar allí, dudas en si va a ser igual que como has leído en internet sobre ese sitio. Pero te vas, y te vas con la esperanza y la ilusión de vivir una experiencia inolvidable. Y así fue.
Nada más llegar (en mi caso fue a mediados de agosto) se celebraba el AID (Annual Introduction Days), se trata de una jornada en la que realizas diversas actividades con un grupo de estudiantes internacionales, como por ejemplo hacer un picnic en la orilla del río, debatir sobre temas de interés a nivel mundial, concursos de carreras, o bien jugar en equipos a deportes como el ‘knotsball’. Nunca lo había escuchado hasta que llegué allí, digamos que vas pasando una bola con un palo con una cabeza de espuma, y un poco a lo bestia todo. Fue muy divertido! (He aquí una foto tras nuestra victoria en ello).

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Competición en la Universidad de Wageningen.

El Erasmus resulta complicado en ciertos momentos, estás lejos de tu familia, pero no pasa nada porque allí conoces a un grupo de gente que se convierte en ello. Siempre están dispuestos a todo, ya sea planificar un viaje, hacer la compra juntos, compartir nervios de examen, cocinar juntos, etc. Resumiendo, pasas la mayor parte del día con ellos. Además, entre ellos hay gente de otros países, lo cual es genial porque te enseñan sus costumbres y te obligas a hablar en otro idioma. No eres consciente de lo que varían los estilos de vida en diferentes países hasta que los conoces. Sin duda ha sido una de las cosas que más me ha gustado del Erasmus.

Durante este periodo no hay tiempo para aburrirse, siempre tienes algo que hacer ya sea cocinar, lavar, hacer un trabajo en grupo, hacer la compra, o acudir a algún evento que ha7n organizado en la ciudad. Se te pasa el tiempo volando.
Mucha gente me preguntaba “¿Y no echas de menos España?” Por supuesto!! El clima y la gastronomía sobretodo. No se puede comparar un domingo de paella al sol con un plato de ‘Bitterballen’ (típicas croquetas holandesas) en un día nublado. Ahora bien, Holanda también tiene cosas exquisitas como el famoso queso Gouda y las galletas ‘Stroopwafels’. Al igual que también tiene lugares magníficos como Giethoorn (un pueblo todo de canales, conocido como la Venecia de Holanda), La Haya, Rotterdam (con sus característicos rascacielos), Utrecht, Gouda, y la famosa Amsterdam. Al fin y al cabo la cuestión es acostumbrarse y siempre tratar de sacar el lado bueno del país de destino. Pero sí, a veces es necesario salir de tu zona de confort para valorar todo lo que tenías.

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Canal de Giethoorn.

En el Erasmus aprendes mucho, ya no solo a nivel académico, sino a nivel personal. El Erasmus es conocerse uno mismo, cuidarse uno mismo. La experiencia te abre los ojos, es muy necesario, pues creces, sientes, y exploras. Llegas con nada y cuando te vas sientes que te han quitado todo, porque al final coges cariño a la gente que conociste, te acostumbras a los días nublados y a la lluvia, te gusta cocinarte para ti mismo, quieres seguir viajando y descubrir más y más, resumiendo… acabas cogiendo el gustillo a esa independencia que adquiriste.

En definitiva, para saber lo que realmente siente uno allí, el Erasmus hay que vivirlo, la esencia, la magia, no se puede contar”

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Puesta de sol en Wageningen.

 

¡Desde la Oficina Internacional, te agradecemos mucho, Irene, que nos hayas contado tu bonita experiencia!

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