22 feb

Reflexión Domingo 22 de febrero

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,1-11):

EN aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Palabra del Señor

Reflexión

Tras el Miércoles de Ceniza, en el inicio de este tiempo de Cuaresma, la liturgia nos recuerda las tentaciones de Jesús. De este modo, caemos en la cuenta que Dios mismo pasó por el sufrimiento: nada humano le es ajeno a Dios.

En primer lugar, aunque resulte paradójico, llama la atención que, el Evangelista remarca que «Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo». Se nos anticipa de este modo que, misteriosamente, si Dios permite la presencia del mal es para sacar de él un bien mayor.

El relato sigue una estructura semejante en la que se muestra el modo de actuar del tentador y la respuesta de Cristo: se enuncia una tentación y Jesús responde con la Palabra de Dios. Así. se presentan tres tentaciones con un común denominador: la soberbia que lleva a servirse de cuanto nos rodea en beneficio propio. Frente a las tentaciones, Jesús responde con la Palabra de Dios y una entrega incondicional al Padre.

Durante este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos pide vivir el ayuno, la oración y la limosna como medios para nuestra conversión. Que el Señor nos conceda en estos días desprendernos de nosotros mismos y abandonarnos, cada vez más, a su voluntad, sabiendo que es en Cristo en donde encontramos nuestra plenitud.

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