Reflexión sábado 13 de junio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,41-51)
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Palabra del Señor
Reflexión
El relato de Jesús perdido y hallado en el Templo nos muestra algo muy humano y, al mismo tiempo, profundamente divino. Evangelio según Lucas presenta a una familia que vive una experiencia de angustia: María y José buscan a Jesús durante tres días sin encontrarlo. Cualquier padre o madre puede comprender esa preocupación.
Cuando finalmente lo encuentran, Jesús responde: «¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?». Con estas palabras revela que su vida está orientada por una misión que nace de su relación única con Dios. Sin embargo, el Evangelio añade un detalle lleno de belleza: después de este acontecimiento, Jesús regresa con ellos a Nazaret y les está sujeto. El Hijo de Dios no desprecia la vida cotidiana ni los vínculos familiares; los santifica con su obediencia y sencillez.
También María nos enseña un camino espiritual. Aunque no comprende plenamente lo sucedido, «guardaba todas estas cosas en su corazón». La fe no consiste en entenderlo todo inmediatamente, sino en conservar la confianza y dejar que Dios vaya iluminando poco a poco el sentido de los acontecimientos.
Este pasaje nos invita a buscar a Cristo cuando parece ausente, a reconocer que Dios puede sorprender nuestros planes y a aprender de María a meditar los acontecimientos con paciencia. Allí donde buscamos sinceramente la voluntad del Padre, terminamos encontrando a Jesús.




