Reflexión viernes 13 de febrero
Lectura del Evangelio según san Marcos (7,31-37):
En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.
Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»
Palabra del Señor
Reflexión
Jesús nos muestra la bondad de Dios, que quiere que el hombre supere sus límites y se abra a la relación con los demás. Abrir los oídos a un sordo y soltar la lengua de un mudo significa darle la capacidad de entrar en diálogo, de comunicarse. Y esto también en su relación con Dios, puede escuchar su palabra y puede alabarle con su lengua. Dios quiere que crezcamos en todas nuestras capacidades. El Señor nos pide que nos abramos al mundo, que nos abramos a su amor, que no nos encerremos en nuestras seguridades. También nosotros hemos de asombrarnos de nuestro Dios. No acostumbrarnos a su bondad y a su amor, sino agradecerlo cada día. Demos gracias porque nosotros también podemos escuchar la voz de Dios y de nuestros hermanos, y podemos hablar para alabar, bendecir y perdonar.





