¿Qué tipo de emprendedores queremos formar?

Hola,

Asunción Esteso ha cursado este año en la UCV elMáster de Formación para Profesorado de Secundaria” en la especialidad de Economía.  Su trabajo fin de Máster “Aprendiendo Economía de Comunión” consistía en una acción educativa en las aulas de Bachillerato.

alumna de la UCV

Nos cuenta su experiencia:

Si tuviera que elegir una experiencia de este curso, me quedo con aquella vivida con alumnos del colegio “Don José Lluch” de Alboraya en las aulas de primero y segundo curso de Bachillerato. En esos años de nuestra vida académica en los que estamos descubriendo nuestra vocación,  nos parecía importante sumergirnos en una de las sesiones de las asignaturas de “Economía” y “Economía de la Empresa” para dar a conocer el proyecto empresarial “Economía de Comunión” al que se adhieren unas 800 empresas en todo el mundo.

Tanto en el ámbito educativo como empresarial, una de las palabras que más resuenan es “emprendedurismo”, como respuesta a la imperiosa necesidad que tiene nuestra sociedad de recuperar tejido productivo. Somos conscientes del gran valor social y civil que tiene la creación de puestos de trabajo. Pero también tendríamos que preguntarnos, ¿qué tipo de emprendedores y ciudadanos queremos formar?

¿Qué tipo de emprendedores y ciudadanos queremos formar?

Por eso, puede ser importante empezar desde la escuela a formar a los jóvenes en los principios de una economía humana, tal vez enseñando ética económica, pero en todo caso, recuperando una “biodiversidad” de modelos económicos que enriquece nuestra convivencia, desterrando la idea del modelo único que está basado en una antropología individualista anclada en la maximización del beneficio
ucv alumnos

El proyecto “Economía de Comunión”(EdC) está en sintonía con todas aquellas iniciativas que buscan el Bien Común dentro del mercado. Las empresas EdC persiguen la obtención de beneficios. Su originalidad consiste en hacer 3 partes del mismo: 1/3 para la reinversión en la propia empresa, 1/3 para la formación de los agentes económicos que en ellas operan, y 1/3 para personas que viven en situación de indigencia. Y en la base de toda actuación, dentro y fuera de la empresa, encontramos la “cultura del dar” que genera unas relaciones “nuevas” dentro y fuera de la organización que hacen vislumbrar que “otro modo de hacer economía es posible”.

Con la ayuda de las profesoras Amparo Ramón (Colegio Don José LLuch) y María Gil (UCV) diseñamos la sesión educativa.  Destacamos de esta sesión EdC, la herramienta “el dado de la empresa” que resume los valores que tratan de vivir los agentes de estas organizaciones.  Se trata de poner siempre en el centro a la persona, algo que hacemos en nuestra vida personal pero que es menos común en ambientes laborales.

app facultad economia

Los alumnos se mostraron interesados ante la originalidad del dado y sus atractivos mensajes: ¡Sea el primero en ayudar a los demás!, ¡Competidores pueden ser amigos también!, ¡Valore cada idea, cada persona!, ¡Comparta experiencia, tiempo y así mismo! ¡Apoye con acciones, no sólo palabras!, ¡Construya relaciones cada día!

La finalidad del dado es compartir las experiencias entre las empresas que surgen de este modo de vivir en el ambiente empresarial, constatar que no se está sólo, y fomentar la innovación social.  El “dado” es una manera práctica de recordar los valores que crean un ambiente de trabajo concentrado en el respeto mutuo y la responsabilidad compartida. Se ha desarrollado una aplicación Android para móviles que hace girar el dado y así aceptar después la invitación que propone para vivir el trabajo del día (www.thecompanycube.org).

En definitiva, pasamos una sesión donde disfrutamos aprendiendo. Ahora nos toca vivirlo.  ¿Te atreves a tirar también tú el “dado”?

1 comentario

  • Carlos
    20 septiembre, 2014 en 9:52

    hace unos días me salió en el dado: “Ser el primero en ayudar a los demás”.
    Una persona de la oficina me llama y me dice: ¿Puedes venir a ayudarme? Pero ¿estás dispuesto a perder toda la mañana? Tenía algún problema desconocido en el ordenador. Vamos, ¡como si yo no tuviera otra cosa que hacer!
    En décimas de segundo me hice el planteamiento del dado y me puse a su disposición. Me explicó que es lo que pasaba, que es lo que había estado haciendo antes en el ordenador, y me senté delante del trasto. Después de hacer un par de comprobaciones, intuí cual era el problema, pero yo no conocía la respuesta. Entonces probé a lanzar una pregunta en la ayuda del programa para ver si había respuesta conocida ¡y me dio la solución con pelos y señales! En menos de 5 minutos estaba todo solucionado.

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