juan 6 22

Reflexión Lunes 27 de abril

Lectura del Lunes de la III semana de Pascua                    27 de abril 2020

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,22-29):

 

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos.

Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan.

Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.

Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió:

«En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello».

Ellos le dijeron:

«¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»

Jesús les respondió:

«La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado».

Palabra del Señor

 

 

REFLEXIÓN

Queridos amigos y amigas:

Sobre el Evangelio de hoy, ¿Seguimos al Señor por amor o para tener alguna ventaja?

Porque nosotros somos todos pecadores y siempre hay algo de interesado que debe ser purificado en el seguimiento de Jesús; y debemos trabajar interiormente para seguirlo por Él, por amor.

Jesús alude a tres actitudes que no son buenas para seguirlo a Él o para buscar a Dios.

A continuación explico cada una:

1. La vanidad.

En particular se refiere a aquellos dirigentes que dan la limosna o ayunan para hacerse ver. Eran así. Y Jesús dice: «No, no: esto no va. No va».

La vanidad no hace bien. Y algunas veces, nosotros hacemos cosas tratando de hacernos ver un poco, buscando la vanidad. La vanidad es peligrosa, porque nos hace caer inmediatamente en el orgullo, la soberbia, y después todo termina ahí. Y me pregunto: Yo, ¿cómo sigo a Jesús? ¿Las cosas buenas que yo hago, las hago a escondidas, o me gusta hacerme ver?

2. Buscar el poder.

La otra cosa que Jesús reprocha a aquellos que lo siguen es el poder. Algunos siguen a Jesús, pero un poco, no del todo conscientemente, un poco inconscientemente.

Porque buscan el poder, ¿no? El caso más claro es Juan y Santiago, los hijos de Zebedeo, que pedían a Jesús la gracia de ser primer ministro y viceprimer ministro, cuando viniera el Reino.

3. Buscando el dinero.

La tercera cosa que nos aleja de la rectitud de las intenciones es el dinero. Los que siguen a Jesús por dinero, con el dinero tratan de aprovecharse. Pensemos en la primera comunidad cristiana, que tuvo esta tentación: Simón, Ananías y Safira.

Esta tentación estuvo desde el inicio, y hemos conocido a tantos buenos católicos, buenos cristianos, amigos, benefactores de la Iglesia, incluso con condecoraciones varias… tantos

De quienes después se descubrió que hicieron negocios un poco oscuros: eran verdaderos especuladores, y ganaron tanto dinero. Se presentaban como benefactores de la Iglesia pero recibían tanto dinero y no siempre era dinero limpio.

Pidamos al Señor la gracia que nos de al Espíritu Santo para ir detrás de Él con rectitud de intención: sólo por Él. Sin vanidad, sin deseos de poder y sin deseos de dinero.

¡Feliz día!, disfrutad y dejaos moldear por Dios.

La lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles es como la primavera de la Iglesia, nacimiento, crecimiento por la fuerza de la Palabra del Señor y el testimonio de los discípulos.

El joven Esteban es visto con cara de Ángel, el rostro iluminado por la luz del Evangelio por la hermosura de su testimonio.

El Evangelio de San Juan siempre mira a lo alto, trasciende nuestras necesidades materiales y nos traslada a un escenario que cada vez estamos menos acostumbrados pero que la realidad nos pone siempre delante de nuestros ojos si queremos verlo: la vida Eterna.

Estamos inmersos en una experiencia que ninguno de nosotros había imaginado vivir, la pandemia del corona virus. Solos, aislados, todo es silencio, la ciudad desierta ¿Cuál es la realidad, la de hoy o la de hace unos meses? En la película La vida es bella hay un acertijo: “Si pronuncias mi nombre desaparezco, ¿Qué es?” Pues eso, el silencio que invade nuestras calles y ¿Nada más?.

Cuando asistimos al bautismo de un adulto en el atrio del templo, el celebrante pregunta al catecúmeno ¿Qué pides a la Iglesia? Responde la Fe. Pregunta el celebrante ¿Qué te concede la Fe? Responde el catecúmeno la Vida Eterna. Se guarda un momento de silencio. ¿El momento actual no es una ocasión para que resuene esta pregunta en nuestro interior ¿Qué te concede la Fe? ¿Qué te concede esta vida?.

En el evangelio de hoy Jesús dice a la gente:”me buscáis…porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre…Y, ¿qué tenemos que hacer…respondió Jesús: ”la obra de Dios es esta: que creáis en el que el ha enviado”.

Las palabras de Jesús no son una amenaza pero es una respuesta de esperanza ante la fragilidad de la vida humana.

 

 

Plegarias

-Por todos los fallecidos  en este día con motivo por causa de la epidemia u otra causa, para que el Señor los perdone y acoja en el Reino de los Cielos.

-Por todos los enfermos para que el Señor les alivie en su enfermedad.

Por todas las personas que cuidan de nuestra seguridad y de nuestra salud.

-Por la Iglesia que tenga palabras de esperanza para todos y sea valiente para denunciar el mal.

pastoral

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