13 sept

Reflexión martes 13 de septiembre

Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,11-17):

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.»
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Palabra del Señor

Reflexión
Jesús nos muestra una gran sensibilidad y cercanía a las personas que sufren. Al pasar por Naín se encuentra con una comitiva fúnebre y no queda indiferente. Se acerca y se compadece. Esa es la realidad por la que Jesús se ha encarnado, se ha acercado a la humanidad y hecho uno de nosotros. El ser humano, cada uno de nosotros, estamos en situación de necesidad y el Señor se aproxima a nuestra vida para decirnos: No llores o para decirnos: levántate y sacarnos de nuestra muerte. Nos toca hoy reconocer esa presencia y vivir atentos a su palabra. También somos invitados a reconocer lo que hace en los demás y dar gloria a Dios, que nos visita en la persona de Jesús, como profeta poderoso que vence la muerte y nos saca del dolor y la tristeza.
pastoral

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