1 dic

Reflexión miércoles 1 de diciembre

Evangelio según san Mateo 15,29-37

 

En aquel tiempo, Jesús se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.

Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies y él los curaba.

La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».

Los discípulos le dijeron:

«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».

Jesús les dijo:

«¿Cuántos panes tenéis?».

Ellos contestaron:

«Siete y algunos peces».

Él mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.

Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

       Hoy la Palabra quiere invitarte a descubrir que Dios te ha creado porque te ama y te invita a vivir la vida como una historia de amor.

        Por eso, ser cristiano no es un moralismo, un mero cumplimiento de normas. Ser cristiano es vivir una vida de amistad con el Señor, es abrirle el corazón para que Él viva en ti, y puedas decir, como san Pablo: vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí (cf. Gal 2, 20).

       La primera lectura es un anuncio profético de lo que el Señor quiere hacer en tu vida si le dejas entrar, si dejas que Él sea el Señor de tu vida. El Señor anuncia tres hermosos regalos para aquellos que se fíen de él y le acojan.

        El primer regalo es su presencia, que con el don de su Espíritu lo hace todo nuevo: arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos. Aparecerá en tu corazón la luz que es Jesucristo Resucitado, que ¡vive! e ilumina tu vida de cada día para que puedas ver el amor de Dios en tu historia concreta. Y te llena de alegría y de paz.

       El segundo, es que aniquilará la muerte para siempre: no desaparecen los problemas ni las debilidades, pero puedes ver que no estás solo, que el Señor está contigo, y que con Él, puedes reinar en tu cruz, que no es árbol de muerte, sino de vida. Empiezas a gustar la vida eterna.

        El tercero, es que el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros: puedes gozar del dulce huésped del alma que enjuga tus lágrimas, te consuela y transfigura tus sufrimientos, haciendo que no te destruyan sino que sean lágrimas de bienaventuranza, porque fiado en el Señor vives como hemos cantado en el salmo: Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

       A toda la tierra alcanza su pregón  (cf. Sal 19, 5).

       ¡Ven Espíritu Santo!  (cf. Lc 11, 13).

Acción Familiar

“Un tronco de árbol, grueso y sin forma, nunca creería que podría ser una estatua, admirada como un milagro de escultura, y no se dejaría trabajar por el cincel de la escultora, que visualiza, a través de su arte, la forma que puede crear en él”

(San Ignacio).

 

Gesto

  1. Encender una vela.
  2. Comienzo: En el nombre del Padre… (Señal de la Cruz)
  1. Gesto en Familia:

Reflexiono: En la Presencia y Amor de Dios, recuerdo paso a paso el día, comenzando por este instante y mirando hacia atrás o repasando lo que me queda de día, momento a momento. … Lo comparto con mi familia.

  1. Oración final:

Señor,

mientras estoy aquí, me contemplas con amor.

Te pido la gracia de dejarme formar por tu amor.

Con gratitud recojo y guardo todo lo bueno que me regalas.

Pongo atención a mis sombras y lo que ellas me dicen,

Y te pido la sanación, la valentía y el perdón que necesito.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo,

Como era en un principio,

Ahora y siempre.

por los siglos de los siglos

Amén.

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