19 nov

Reflexión sábado 19 de noviembre

Lectura del santo evangelio según san Lucas 20, 27-40

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Intervinieron unos escribas:
«Bien dicho, Maestro».
Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN:

Hoy el evangelio nos coloca frente a una cuestión que es fundamental para nuestra fe, y es la de la resurrección de muertos; a lo largo de la historia, filósofos, historiadores, antropólogos se han preguntado por la vida después de la muerte, sin llegar a ninguna conclusión, porque sobre esa cuestión sólo encontramos respuesta desde la FE.

Lucas en este pasaje nos deja una frase que reafirma cuanto estamos reflexionando y es esta: “No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven”.

Aun cuando no podemos dejar de quedar pasmados por aquello de que “para él todos viven”, más allá de cualquier especulación resulta nuevamente evidente que está hablando de una visión totalmente distinta a la nuestra.

Si nos resulta difícil de imaginar y entender estas afirmaciones de modo racional, debemos recordar cada uno de los milagros de Jesús testificados por los apóstoles en los que encontraremos la misma dificultad. ¿O es que tenemos forma de explicar la curación de los leprosos mientras iban al templo o la devolución de la a vista los ciegos, la expulsión de demonios, la curación de enfermedades que tenían postrados por años a sus víctimas o la caminata sobre las aguas o la multiplicación de los panes o la Resurrección de Jesús? ¿Aceptamos estos hechos o no?

Esa es la interrogante en la que Jesús ha puesto todo de su parte para que respondamos ¡Si creemos! Porque es preciso que creamos para oír y hacer lo que nos manda, para alcanzar la Vida Eterna. ¡Es preciso que así lo hagamos! ¡Es imprescindible!

Esta es la FE, el ingrediente indispensable para la Salvación. Por lo tanto, debemos aceptar y caer en la cuenta que hay ciertas situaciones -las más importantes y trascendentes en la vida, relacionadas con Dios-, que no podremos comprenderlas ni explicarlas sin la fe.

Ésta es una de ellas, en la que el Señor nos deja entrever algunos rasgos destacados de lo que será la Vida Futura…los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.

Desde la fe tampoco podemos saber que hay después de la muerte, pero si QUIEN hay después de la muerte, y después de la muerte está un Dios que es padre y quiere que todos sus hijos se salven y vivan junto a Él por toda la eternidad.

pastoral

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