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Reflexión domingo 7 de junio SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor

Reflexión

Celebramos hoy la solemnidad del Corpus Christi, que es la fiesta solemne y pública de la Eucaristía, sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo. El Señor ha cumplido su pro-mesa: Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos. En la Eucaristía, está presente el Señor, de una manera real. Y está presente porque lo necesitamos. Sin mí no podéis hacer nada, dice Jesús. Y ¡es verdad! Sin Él, nada podemos hacer. El Papa León nos recuerda que Cristo es la respuesta de Dios al hambre del hombre, porque su cuerpo es el pan de la vida eterna: ¡tomad y comed todos de él! Nuestra naturaleza hambrienta lleva la marca de una indigencia que es saciada por la gracia de la Eucaristía. Cristo es, de verdad un pan que nutre y nunca falta; un pan que se puede comer pero que nunca se agota (cf. Corpus 2025). Por eso, necesitamos la Eucaristía. La Eucaristía no es un adorno, ni un complemento del que podríamos prescindir. No. La Eucaristía es una necesidad. Vivir la Eucaristía es vivir no solo el momento de la Comunión, sino vivir toda la vida en clave de misterio pascual. Es vivir toda la vida con el Señor. Y vivir con el Señor no es solo ir a la Santa Misa o hacer un ratito de Adoración. Todo esto es necesario. Pero vivir toda la vida con el Señor es mucho más. También es escuchar su Palabra: no solo de pan vive el hombre… Es necesario acoger la Palabra y creer en ella. A través de la Palabra nos habla el Señor. Vivir la Eucaristía es también vivir la fe no de una manera solitaria, sino en la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. En una comunidad concreta. Y vivir el mandamiento nuevo del amor. Por eso, hoy celebramos el Día Nacional de Caridad. Una Eucaristía que no te lleve a amar al prójimo, al que el Señor ha puesto a tu lado, es una Eucaristía que no ha dado fruto. Vivir el misterio pascual es también vivir cada día haciendo la voluntad de Dios, negándose a uno mismo y dejando las modas del mundo para seguir a Jesús. Vivir el misterio pascual es tomar la cruz cada día. Vivir el misterio pascual también es vivir la presencia de Jesucristo Resucitado en medio de tu vida. Experimentar que no está solo, sino que el Señor, que te ama, está contigo todos los días y lo hace todo nuevo por el don de su Espíritu. Y, entonces toda tu vida se vuelve eucarística. Puedes vivir no atrapado en la queja y en la murmuración, sino desbordado por la bendición y la alabanza. Puedes vivir como cantamos en el Salmo de hoy: Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión…
El día del Corpus se caracteriza por la tradición de llevar el Santísimo Sacramento en procesión. Al llevar la Eucaristía por las calles, queremos que Jesús camine por donde caminamos nosotros, que viva donde vivimos nosotros. Nuestro mundo, nuestra existencia debe transformarse en su templo. Es un signo de nuestro caminar hacia Cristo, nos recordaba el Papa León (cf. Corpus 2025). Juntos, pastores y rebaño, nos alimentamos del Santísimo Sacramento, lo adoramos y lo llevamos por las calles. Al hacerlo, lo ofrecemos a la mi-rada, a la conciencia y al corazón de la gente. Al corazón de quien cree, para que crea más firmemente, y al corazón de quien no cree, para que se cuestione sobre el hambre que tenemos en el alma y sobre el pan que puede saciarla. Necesitamos participar en la Eucaristía todos los Domingos. El Domingo es el Día del Señor, día que hemos de consagrar y dedicar al Señor: es el día del descanso, del encuentro con el Señor en su Palabra y en la Eucaristía, de compartir el tiempo con la familia y con los amigos, de vivir la caridad, viviendo el mandamiento nuevo del amor. Hemos de descubrir, también, la oración ante la Eucaristía, la visita a Jesucristo presente en el Sagrario. La adoración es fundamental en la vida cristiana, y la oración ante el Sagrario es un momento de especial intensidad y fuerza en la vida espiritual.

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