8 feb

Reflexión domingo 8 de febrero

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,13-16):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor

Reflexión

Tras anunciar la llegada del Reino y llamar a sus discípulos, Cristo utiliza dos metáforas sugerentes para describirlos: la sal y la luz.  Ambos elementos tienen una función esencial: dar sabor y alumbrar. Esta función les otorga su razón de ser. A través de esta alegoría se descubre otra característica común que tienen ambos elementos: si bien, cuando se encuentran en su justa medida, pasan desapercibidos, su función resulta imprescindible para que, aquel alimento que condimentan, o aquel objeto que iluminan, puedan ser apreciados en su plenitud.

La alegoría que Cristo usa con sus discípulos, se aplica también para todos los cristianos: somos sal de la tierra y luz del mundo. Tal vez la presencia del cristiano en la sociedad no llame mucho la atención, pero el testimonio de la presencia de Dios en medio de nosotros es necesario para que el mundo sea verdaderamente aquello que está llamado a ser, aquello que Dios soñó desde los comienzos en la Creación. La presencia de Cristo en medio de nosotros nos recuerda quienes somos y nos llama a ser verdaderamente personas: hijos de Dios.

Que el Señor nos conceda vivir constantemente en su presencia y, de este modo ser sal, ser luz, reflejar la presencia de Dios en medio del mundo.

pastoral

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