26 ene

Reflexión jueves 26 de enero

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, Jesús dijo al gentío: -«¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero? No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no haya nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».

Les dijo también: -«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

 Palabra del Señor

Reflexión

  • «Contad las maravillas del Señor a todas las naciones», decía la antífona del salmo; y sabemos que para ello «designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir él». Aquellas personas no formaban parte del grupo de los Doce; tampoco conocemos sus nombres, pero también ellos llevaron el anuncio del Evangelio a otras personas.

Ayer celebrábamos la fiesta de la conversión de san Pablo, hoy la de dos de sus más estrechos colaboradores en su gran apostólica entre los paganos: Tito y Timoteo. Ellos ayudaron a Pablo y, más tarde, con la gracia de Dios, ellos mismos hicieron crecer la semilla que el apóstol sembró.

Si en la actualidad hoy día mucha gente ya no sabe quien es san Pablo, qué decir de estos dos colaboradores. Son casi unos desconocidos, para gran parte incluso de creyentes. Pero no por ello son personas de poca importancia no sólo en la historia primitiva de la Iglesia, sino también para nosotros, porque en todos los ámbitos de la vida es fundamental la labor que muchas personas llevan a cabo en un segundo plano. Los grandes santos o fundadores estuvieron rodeados de pequeños o grandes colaboradores en su tarea. Las grandes reformas en las diócesis, parroquias o conventos se han llevado a cabo con la colaboración de personas cuyo nombre no es conocido para la gran mayoría, pero que hicieron posible esos “milagros”. La celebración de Timoteo y Tito nos ayuda a poner de relieve la importancia de la labor de todas esas personas.

  • Tres de las cartas de san Pablo que contiene el NT están dirigidas a ellos: dos a Timoteo y una a Tito. Por ellas y por las otras cartas sabemos que el apóstol Pablo les encomendó diversas tareas de importancia: acompañarlo al Concilio de Jerusalén, intentar restablecer la paz y la obediencia dentro de algunas comunidades u organizar la conclusión de las colectas en favor de los cristianos de Jerusalén. Ambos acabaron siendo obispos: uno de la ciudad de Éfeso y otro de Creta.

            El ejemplo de estos santos debe animar en nosotros el deseo de colaborar con el Papa, el obispo o el párroco a través de acciones similares: acompañando en las decisiones importantes de la evangelización, ayudando a poner paz ante las pequeñas o grandes discrepancias en el seno de la comunidad, fomentando la acción social en pro de los menos favorecidos. Tenemos muchas posibilidades por delante. Ánimo. De nosotros dependen grandes cosas.

pastoral

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