Reflexión lunes 1 de junio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,1-12):
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: «Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia.» Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Que hará el dueño de la viña? Acabará con los ladrones y arrendará la viña a otros. ¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?»
Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.
Palabra del Señor
Reflexión
En el Evangelio, Jesús nos cuenta la parábola de los viñadores homicidas, en la que nos dice que Él no es un profeta más, como tantos ha habido en la historia de Israel. Jesús es el Hijo de Dios, la piedra angular del nuevo templo de Dios. Piedra que han rechazado los constructores. Y esta Palabra te invita hoy a preguntarte dónde estás poniendo el fundamento de tu vida. ¿A quién le estás pidiendo la vida? Porque podemos caer en una idolatría piadosa: tener muchas prácticas de piedad –como los fariseos–, pero que nuestro corazón esté lejos del Señor. Que busquemos hacer nuestra voluntad, nuestro proyecto… Que le estemos pidiendo la vida al trabajo, al dinero, a la comodidad, a los afectos, al éxito, a la belleza… Y sólo Jesucristo es el Salvador, sólo Él puede llenar tu vida. Y esta es la conversión de cada día: que cada día pongas toda tu vida bajo el Señorío de Jesucristo. Permanecer en Él, esa es la clave. Nos lo ha dicho san Pedro, en la primera lectura: su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad… se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición. Dios tiene un proyecto maravilloso para ti. Pero Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti (San Agustín). Y ese es el misterio y el drama que recorre toda la historia de la salvación: la libertad, con la que podemos abrir o cerrar el corazón al Señor. Estamos llamados a vivir de otra manera, completamente distinta a la del mundo. No podemos vivir como paganos piadosos. Por eso, necesitamos pedir cada día el Espíritu Santo: para que Él te enamore de Jesucristo y, así, le puedas abrir sin miedo el corazón.




