18 nov

Reflexión miércoles 18 de noviembre

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis 4, 1-11

Yo, Juan, miré y vi una puerta abierta en el cielo; y aquella primera voz, como de trompeta, que oí hablando conmigo, decía:

«Sube aquí y te mostraré lo que tiene que suceder después de esto».

Enseguida fui arrebatado en espíritu. Vi un trono puesto en el cielo, y sobre el trono uno sentado. El que estaba sentado en el trono era de aspecto semejante a una piedra de diamante y cornalina, y había un arco iris alrededor del trono de aspecto semejante a una esmeralda.

Y alrededor del trono había otros veinticuatro tronos, y sobre los tronos veinticuatro ancianos sentados, vestidos con vestiduras blancas y con coronas de oro sobre sus cabezas. Y del trono salen relámpagos, voces y truenos; y siete lámparas de fuego están ardiendo delante del trono, que son los siete espíritus de Dios, y delante del trono como un mar transparente, semejante al cristal.

Y en medio del trono y a su alrededor, había cuatro vivientes, llenos de ojos por delante y por detrás. El primer viviente era semejante a un león, el segundo a un toro, el tercero tenía cara como de hombre, y el cuarto viviente era semejante a un águila en vuelo. Los cuatro vivientes, cada uno con seis alas, estaban llenos de ojos por fuera y por dentro. Día y noche cantan sin pausa:

«Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso; el que era y es y ha de venir».

Cada vez que los vivientes dan gloria y honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, adoran al que vive por los siglos de los siglos y arrojan sus coronas ante el trono diciendo:

«Eres digno, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado».

Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL     Sal 150, 1b-2. 3-4. 5-6a (R∫.: Ap 4, 8b)

R∫.   Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.

V∫.   Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.    R∫.

R∫.   Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.

V∫.   Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras;
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas. R∫.

R∫.   Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.

V∫. Alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor.    R∫.

R∫.   Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.

ALELUYA    Jn 15, 16

R∫.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V∫.   Yo os he elegido del mundo —dice el Señor—, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.   R∫.

EVANGELIO

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 11-28.

EN aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. Dijo, pues:

«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.

Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles:

“Negociad mientras vuelvo”.

Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo:

“No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.

Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

El primero se presentó y dijo:

“Señor, tu mina ha producido diez”.

Él le dijo:

“Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.

El segundo llegó y dijo:

“Tu mina, señor, ha rendido cinco”.

A ese le dijo también:

“Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

El otro llegó y dijo:

“Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

Él le dijo:

“Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.

Entonces dijo a los presentes:

“Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.

Le dijeron:

“Señor, ya tiene diez minas”.

Os digo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

La Palabra hoy nos invita a huir de la idolatría y a vivir el primer mandamiento. De entre todas, hay dos idolatrías especialmente peligrosas.

La primera es la de creer que tú eres dios. Que eres quien decide qué es lo que está bien y qué lo que está mal, que llevas tu vida por donde tu quieres, que eres dueño de tu historia, de tu vida, de tu cuerpo, de tu tiempo, de tu dinero…

La segunda es fabricarte un dios a la medida de tus deseos. Aunque el fondo, te habrías fabricado un ídolo. Un ídolo que no te complique la vida, que te diga lo que quieres oír, que no te llame a la conversión…

Y hoy la palabra te invita a poner a Dios en el centro: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso. La primera lectura nos muestra la visión del cielo en el que está Dios sentado en el trono: El Señor reina, vestido de majestad; el Señor, vestido y ceñido de poder: así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno (cf. Sal 93).

Él tiene todo en sus manos y nos invita a vivir en la confianza. Aunque el misterio del mal nos desconcierte tantas veces, el diablo ha sido derrotado para siempre. Por eso, está delante del trono un mar transparente, semejante al cristal: Tú hendiste con fuerza el mar, rompiste las cabezas del dragón marino… Venid a ver las obras de Dios…, transformó el mar en tierra firme­ (cf. Sal 74, 13; 66, 5-6).

Y los frutos de esta contemplación del gobierno amoroso de Dios son el descanso confiado, la alabanza, la adoración y la entrega: Eres digno, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

      Y este es el sentido también de la parábola de los talentos: el que tiene este encuentro con Dios, no se guarda nada para sí, lo arriesga todo por el Señor. Y así, la fe, como el amor, va creciendo en la medida en que se entrega: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

¡Ven Espíritu Santo!  (cf. Lc 11, 13).

CANTO

Abrió mis ojos – María Olguín

https://www.youtube.com/watch?v=ERCz4POUzsw&app=desktop

Acción Familiar

Dios es misericordioso con nosotros. Cada día nos regala nuevas ocasiones para poner a trabajar por el Reino de Dios los talentos que se nos han dado. Muchas veces no somos conscientes de la gran importancia que cada uno de nosotros tiene para que el mundo se parezca cada vez más al cielo.

 Gesto

  1. Encender una vela.
  2. Comienzo: En el nombre del Padre….. (Señal de la Cruz)
  1. Gesto en Familia:

Rezar y compartir unidos:

En la seguridad de que Dios me ama incondicionalmente,

recuerdo honestamente lo hecho en el día anterior, lo sucedido y mis sentimientos.

¿Tengo algo que agradecer? Doy las gracias…

¿Hay algo que lamento? Pido perdón…

  1. Oración final:

Dios creador del universo, de la luna y las estrellas,

de la tierra, de cada molécula, átomo, de todo lo que es y existe:

estás en cada latido de mi corazón.

Estás conmigo, ahora.

Dios mío, te pido ayuda

para librarme de mis preocupaciones,

para estar atento a este tiempo de oración,

para llegar a amarte y servirte cada vez más.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo,

Como era en un principio,

Ahora y siempre.

por los siglos de los siglos

Amén.

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