Reflexión del martes, 18 de mayo

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EVANGELIO

Jn 17,1-11a:
      En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.
      He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

REFLEXIÓN

“Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti” (Jn 17, 2)

¡Esta es la vida¡ ¡esta es la vida! Y yo pensando que la vida soy yo, o que la vida es aprobar, o tener un buen trabajo o tener mucho dinero… y resulta que la vida es que te conozcan a ti! Ahora que vienen los exámenes empiezo a agobiarme… ¿aprobaré? ¿Me dará tiempo a todo? ¿Seré capaz de tener paz y sosiego en estos días?

Hoy Jesús quiero tener de esa Vida que tienes, de ese amor que no acaba nunca, de la alegría que da saberse hijo tuyo. ¡De la verdadera vida eterna que es conocerte a ti!

Gracias Jesús porque no dejas de darme ánimo, esta semana te quiero pedir el don del Espíritu Santo, para que este don precioso de tu amor me llene de ánimo y consuelo. ¡Qué alegría ser cristiano! ¡Qué pasada ser hijo tuyo!

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