EXPERIENCIA ERASMUS EN POLONIA (Laura y Noelia)

EXPERIENCIA ERASMUS EN POLONIA (Laura y Noelia)

LAURA ANDRÉS (WROCLAW) 3º
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Mi experiencia empieza el año que empecé la carrera. Antes de septiembre de 2015, mes y año en el que empecé a estudiar enfermería en Valencia, había vivido ya 5 años en extranjero, tuve varios trabajos, aprendí mucho inglés y me relacioné con gente de culturas distintas a la mía, tanto, que llegué a considerar la irlandesa como mía. Esta experiencia me hizo querer seguir conociendo mundos y culturas, cuando empecé la carrera, comencé ya desde el segundo mes a informarme sobre las experiencias Erasmus, tanto por compañeros que las habían vivido como a través de la información que ponía a nuestro alcance la universidad.

Durante los dos primeros años de carrera, tenía muy claro que quería vivir esta experiencia me costase lo que me costase, ya que la anterior me había dejado con muy buen sabor de boca y esta, la iba a poder vivir sin la preocupación de tener que trabajar para mantenerme durante la estancia. En estos años tuve la suerte de conocer, la que ahora es una de mis mejores amigas en la universidad y un día hablando me comentó que ella también le daba vueltas a la idea de irse. Cuando llegó la hora de elegir nuestro destino, decidimos irnos juntas, tuvimos además la suerte de que nos asignaran el mismo sitio y la misma universidad de destino.

Elegimos como destino Polonia, por varias razones, pero básicamente por la buena situación geográfica respecto a los demás países europeos, que nos permitiría viajar más rápida y económicamente que en cualquier otro país, y por las ayudas económicas, que nos permitirían vivir sin aportar dinero de nuestro bolsillo.

Decidimos que, al no asistir a clase, nos iba a ser más difícil conocer a gente y que vivir en una residencia podía ser mejor opción para hacer amigos que buscarnos un piso por nuestra cuenta, una vez de vuelta, seguimos pensando que fue la mejor opción que pudimos escoger.

Una vez aceptadas en la universidad de Wroclaw y en la residencia de medicina de Blizniak, a mí personalmente, me costó un poco recibir toda la documentación, solo quedaba hacer las maletas y comprar los vuelos. Nos informamos sobre el tiempo, el frío era algo que nos preocupaba mucho, situación económica y comunicación con otros países. Al parecer la ciudad era una de las más suaves en cuanto a temperatura y lluvia de todo el País, y por su localización al sud, cerca de la frontera con Alemania y la Republica Checa, había muy buenas comunicaciones con otros países, tanto en avión como en autobús y a un precio perfecto para estudiantes.

Volamos un martes 13 de febrero por la tarde desde Madrid. Llegamos a Wroclaw a las 20 h, cogimos un taxi, sin ni idea de polaco, nos hicimos entender como pudimos y después de 40 minutos de trayecto llegamos a la residencia. Si tuviera que elegir una palabra para describir el camino desde la parada del autobús a la residencia, sin duda sería, tenebroso. Al llegar a la recepción de la residencia, la chica responsable de esta, para nuestra sorpresa, solo hablaba polaco, nos intentamos hacer entender como pudimos sin éxito alguno, cuando apareció nuestra salvadora, la buddy, que nos había puesto la universidad. Nos ayudó con todo, nos enseñó las habitaciones, nos echó una mano con todos los papeles que teníamos que rellenar en ese momento y nos resolvió todas las dudas que nos surgieron.

Cuando entramos en la residencia y vimos por primera vez nuestra habitación, nos quedamos en shock. Pasillos largos, con poca gente, aseos y duchas compartidos y mixtos, habitaciones de 3 personas y poco espacio, fue cosa de 3 semanas, que esa sensación desapareciese y empezáramos a considerarlo nuestra casa.

Los primeros días, Marcelina, nuestra buddy polaca, olvidé comentar que mi compañera de aventuras y yo compartíamos buddy, al parecer no hay mucha gente interesada en acoger a estudiantes Erasmus. Marcelina nos enseñó la ciudad, nos ayudó a realizar los pagos para el transporte público, residencia y carne de estudiante, nos llevó a la universidad, nos presentó a los responsables de la oficina de Erasmus e incluso nos enseñó unas cuantas palabras en polaco que nos serían muy útiles en nuestra estancia.

La primera semana, fue una semana de adaptación, conocimos a todos nuestros compañeros de la residencia, hicimos un poco de turismo por la ciudad e incluso empezamos a hacer los primeros amigos. Viajamos los primeros dos fines de semana en autobús y por un precio muy asequible, a Praga y Berlín y empezamos nuestras prácticas en el hospital.

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El primer día de hospital conocimos a unas compañeras de facultad de cuarto curso que también estaban de Erasmus allí, ellas vivían por cuenta propia en un piso. La coordinadora fue muy amable, nos enseñó el hospital y nos asignó el servicio que escogimos.

Las primeras semanas estuve en la UCI, servicio en el que no había tenido la ocasión de estar nunca. Estuve muy a gusto los días que habían enfermeros que hablaban inglés, aprendí a utilizar las bombas de medicación, a analizar y reflexionar sobre los resultados de las gasometrías, aprendí a intubar y aspirar las secreciones de un paciente intubado, aprendí a interpretar las constantes de un paciente en estado crítico, aprendí a responder ante una emergencia y sobre todo entendí la manera de trabajar del hospital y los protocolos a seguir, que comparados con los que había visto hasta entonces en España, eran muy diferentes.

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Estar en esa unidad, también me instruyó en cómo manejarme en un idioma que no conocía y hacerme entender mediante gestos, miradas o recursos como traductores, tanto con los trabajadores, como con los pacientes.

Las siguientes semanas estuve en la planta de cirugía, vi que la manera de trabajar era muy distinta a la que tenemos en España. Estuve con las estudiantes de enfermería de la universidad de allí y pude ver y experimental el rol que llevaban a cabo.

El último mes de mis prácticas fue el que más disfruté. Puede estar con recién nacidos, que es el servicio que más me gusta a mí. Estuve rotando entre paritorio, la UCI neonatal y la unidad de neonatos.

Durante este periodo tuve la suerte de compartir 2 semanas con una matrona que hablaba español y me pudo explicar muchísimas cosas que no conocía hasta ese momento, además me explicó el funcionamiento de las unidades y los roles de las enfermeras y matronas en cada una de ellas.

Aprendí a administrar y preparar medicación, aprendí a dar de comer tanto por sonda nasogástrica como por vía oral, aprendía a interpretar las constantes y a diferenciarlas de las de los adultos. Puede estar en paritorio y presencia tanto partos naturales como cesáreas, de dos, tres y cuatro bebés a la vez.

Fue una experiencia muy enriquecedora, y aunque algunos días no hubiera personal de habla inglesa, nos hacíamos entender entre las enfermeras y yo.

En cuanto a la parte cultural y social, sin duda, la decisión de irme fue de las mejores de mi vida. En cuestión de dos semanas empezamos a conocer a todo el mundo que vivía en nuestra planta en la residencia. El tercer fin de semana, la residencia organizó una cena internacional para que aquellos que veníamos nuevos tuviéramos la oportunidad de conocer a los que ya llevaban allí un año y a los que, como yo, acabábamos de llegar. Cada uno cocinaba algo típico de su país y se montaban largas mesas en los pasillos para que todo el mundo pudiese probar un poquito de cada cultura. Ese fue el pistoletazo de salida para empezar a conocer a todo el mundo un poquito mejor, desde entonces cada plan que se hacía, me apuntaba. Uno de los planes fue organizado por mí, monté una ruta de bares con actividades en cada uno para conocer mejor a la gente, nos lo pasamos todos muy bien.

La vida en la residencia era genial, siempre se comía o cenaba en la habitación de alguien y semana si semana también había fiesta, no importaba el motivo. Nos reuníamos todos en una habitación para jugar, charlar o simplemente pasara el rato juntos.

La residencia tenía un jardín grande, fuera, donde se nos permitía hacer barbacoas pidiendo permiso, cada semana hacíamos un fuego, comprábamos carne y tocábamos canciones con la guitarra mientras cenábamos.

En 3 meses hicimos muchísimas cosas, senderismo por montañas, turismo por las ciudades más importantes, cafés en los bares más escondidos de la ciudad, rutas en bicicleta a lagos…

Incluso un fin de semana, la universidad de destino organizó un viaje con todos los gastos pagados a una ciudad costera del norte de Polonia para todos los estudiantes de medicina, enfermería y odontología que estuvieran realizando su Erasmus en la ciudad.

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Concluyo reflexionando sobre esta experiencia, han sido 3 meses que se han hecho muy cortos, he vivido muchas experiencias, visitado muchas ciudades y he conocido muchísima gente nueva.

Me llevo conmigo, no solo amigos que sé que permanecerán por mucho tiempo, porque, aunque parezca mentira, la convivencia llega a unir tanto como para considerar amigos a gente que solo conoces de hace tres meses, sino también la capacidad de enfrentarme a situaciones nuevas completamente sola y con el hándicap de un idioma que no se conoce.

Estos tres meses me han hecho crecer como persona y como profesional, porque el cuidado es mucho más que la comunicación verbal. Me han hecho conocer nuevas culturas y aprender nuevos idiomas

Y si tuviera que escoger volverme a ir, diría que sí, sin dudarlo ni un momento, pero esta vez, me iría unos meses más.

Laura Serra Andrés.

NOELIA BLÁZQUEZ (RYNEK) 4º

 Me llamo Noelia Blázquez y tuve la increíble oportunidad de irme de Erasmus en 4º curso de Enfermería. El destino que escogí fue Wroclaw (Polonia) y puedo decir que desde el primer momento que pisé la ciudad me enamoré de ella.

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 Al principio todo el mundo te mete miedo (que si menudo frío, que si madre mía el idioma…) pero cuando estás allí te das cuenta de que te puedes desenvolver perfectamente. Es cierto que habían semanas en las que el frío era insoportable (a veces hasta -18ºC) pero no te impide seguir con tu día a día, al final te llevas una maleta llena de ropa térmica que con suerte te pondrás una vez.

Respecto al idioma se puede decir que es la misma situación que en cualquier otro lugar. Wroclaw es una ciudad muy universitaria, por lo que generalmente encuentras muchísima gente joven que suelen tener bastante nivel de inglés, incluso algunos, español. El problema está con la gente más mayor, que sí que es más complicado que sepan inglés. Esta fue una dificultad bastante notable sobre todo a la hora de hacer las prácticas ya que en el hospital hay muy pocos enfermeros que hablen inglés.

Respecto a la ciudad, es pisar Rynek y enamorarte de ella. Paseas entre edificios de colores y estatuas de gnomos que te hacen sentir como si estuvieras dentro de un cuento, sobre todo es especial cuando llega el buen tiempo y de repente la ciudad cobra vida. Con el frío sí que es cierto que ves poco ambiente por la calle, pero entras en cualquier sitio y te das cuenta que existe la misma vida que en cualquier otro lugar del mundo, solo que dentro de los locales. Además, en cuanto sube la temperatura ves como las calles se llenan de gente, de espectáculos, festivales, mercadillos temáticos… En tu misma ciudad, a apenas unos pasos, te encuentras con unas islas increíbles en las que cada tarde se llenan de estudiantes de todo tipo de nacionalidades disfrutando de las preciosas vistas y del buen tiempo.

Además de todo esto tuve la suerte de conocer a gente increíble. Gente que desde el minuto uno me abrió su casa y compartió esta experiencia increíble. Gracias a ellos y a esta maravillosa ciudad puedo decir que tengo para toda la vida unos recuerdos inolvidables y que ha sido la experiencia más enriquecedora que he vivido jamás.

Enfermería UCV

Enfermería UCV

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