Una semana de aprendizaje compartido en Irlanda que transforma la docencia

La movilidad en la South East Technological University que ha realizado la profesora de ADE Inmaculada LLibrer Escrig, es descrita como una experiencia no solo fructífera a nivel académico, sino también profundamente enriquecedora en el plano humano. Asegura que desde su llegada a la sede de Waterford, la acogida fue excepcional. El decano de la School of Business recibió personalmente al profesorado internacional y había preparado una agenda repleta de reuniones, encuentros y sesiones docentes que permitieron aprovechar cada momento de la estancia.

Durante la semana tuvimos la oportunidad de impartir las sesiones previamente planificadas, pero también, y quizá más importante, de observar, escuchar y aprender. Participamos en clases junto al profesorado local, compartimos nuestras presentaciones y dialogamos con estudiantes irlandeses, con quienes intercambiamos perspectivas sobre su formación, inquietudes y motivaciones. Estas conversaciones resultaron especialmente valiosas, pues nos permitieron comprender similitudes y diferencias en los modelos educativos, así como detectar oportunidades de mejora aplicables en nuestras propias aulas.

Las reuniones individuales con docentes fueron espacios de verdadero intercambio académico. Pudimos contrastar experiencias educativas desarrolladas en distintos contextos internacionales, identificar intereses comunes y explorar posibles líneas de investigación conjunta. Tras la estancia, hemos mantenido el contacto por correo electrónico y varios profesores han mostrado una clara disposición a colaborar en los proyectos presentados, lo que abre la puerta a futuras iniciativas compartidas.

La movilidad no se limitó a Waterford. También visitamos la sede de Carlow, donde fuimos igualmente recibidos con gran cordialidad. Allí mantuvimos encuentros más específicos con docentes de la Facultad de Económicas, con quienes trabajamos en la concreción de una idea de proyecto común. Analizamos las asignaturas que impartimos, buscamos puntos de conexión y detectamos posibles barreras que podríamos superar conjuntamente. Este trabajo cercano permitió formalizar relaciones académicas sólidas y alineadas con nuestros objetivos docentes e investigadores.

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Más allá del ámbito estrictamente académico, la experiencia ha supuesto una apertura a nuevas formas de enfocar la docencia y la investigación. Las líneas de trabajo del profesorado irlandés han despertado nuevas preguntas y perspectivas en mi área de conocimiento, enriqueciendo el planteamiento de futuras investigaciones.

Entre las prácticas más destacables que podrían inspirar mejoras en nuestro entorno, cabe señalar dos especialmente relevantes.

La primera es el desarrollo de proyectos reales interdisciplinares. Varias asignaturas trabajan conjuntamente en torno a un proyecto aplicado que los estudiantes desarrollan durante varios meses. La evaluación final integra resultados que computan en las distintas materias implicadas, fomentando así una visión global, práctica y conectada con la realidad profesional.

La segunda buena práctica es el uso innovador de la plataforma Moodle. La organización de los contenidos, los materiales de consulta y los vídeos de apoyo responde a una estructura clara y pedagógicamente pensada, facilitando el aprendizaje autónomo del estudiante y optimizando la experiencia digital.

Sin duda, esta movilidad en Irlanda ha sido una experiencia transformadora. Nos llevamos aprendizajes concretos, nuevas alianzas internacionales y una motivación renovada para seguir impulsando la innovación docente y la colaboración académica en un contexto global.

 

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