Reflexión martes 12 de mayo
Lectura del santo evangelio según san Juan (16,5-11):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».
Palabra del Señor
Reflexión
El Señor sigue preparando a su comunidad de discípulos. Parece que ha cundido la tristeza y el desánimo porque Jesús ha anunciado su regreso al Padre. Los discípulos no preguntan, probablemente tampoco entienden. Por eso Jesús nos dice que nos conviene que Él se vaya. Probablemente esa conveniencia está motivada por el hecho de que su encarnación le obliga a asumir los límites de la naturaleza humana. Su presencia está limitada a un lugar y a un momento concreto. Sabemos que después de su ascensión, por la acción del Espíritu, va a poder hacerse presente de un modo real y sacramental en muchos lugares a la vez, va a poder estar al lado de cada uno de los creyentes. Jesús debe marchar para que venga el Espíritu. El Señor también nos advierte que el Espíritu va a denunciar al mundo por un pecado, por una justicia y por una condena. El pecado es no creer en Jesús, la justicia es que va al Padre y la condena es para el príncipe de este mundo.




