16 abr

Reflexión Domingo de Resurrección

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

 ¡Aleluya! Alabad al Señor, dadle gracias porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Celebramos hoy la Resurrección del Señor, celebramos que Jesucristo ha vencido a la muerte, que ha resucitado y que está con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos.

Hoy contemplamos en todo su esplendor el misterio del amor de Dios, que es el hilo conductor de nuestra fe. Dios te ama tanto que te ha creado para vivir con Él para siempre, para toda la eternidad: no hay nada ni nadie que nos pueda separar del amor de Dios… ni siquiera la muerte (cf. Rom 8).

Hoy celebramos la vitoria de Jesucristo, que también puede ser la tuya, si la acoges en tu corazón, porque el Señor te regala la salvación: si crees, ¡verás la gloria de Dios! Si acoges en tu corazón está buena noticia y te la crees, también tú comenzarás a experimentar la salvación.

Esto es lo que anuncia Pedro en la primera lectura: De Jesús dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

¿Qué quiere decir esto en tu vida concreta?

En primer lugar es experimentar que no estás solo, que el Señor está contigo, camina contigo y actúa en tu vida todos los días. Vivirás en tu vida la presencia de Jesucristo Resucitado que, por el don del Espíritu Santo, lo hace todo nuevo. Por eso, el primer fruto que aparece es la alegría. En medio de las dificultades y problemas. Porque ahí, el Señor que derrama su Espíritu. Y podrás vivir en tu vida un milagro permanente, el milagro de la Pascua: el paso del Señor por tu vida, por tus problemas y te saca de la esclavitud y te lleva a la libertad.

Experimentarás paz. No porque se haya acabado el combate, sino porque en medio del combate aparece Jesucristo Resucitado que te regala la victoria. Y eso es lo que te da la paz: que mi fuerza y mi poder es el Señor.

Esto es lo que estamos llamados a vivir. El que cree, el que se encuentra con Jesucristo, experimenta una vida nueva, experimenta que vive “iluminado”.

Lo significamos en la Vigilia Pascual con el lucernario y durante toda la Pascua con el Cirio Pascual. El hombre, herido por el pecado original, vive en la oscuridad y necesita ser iluminado por Aquél que es la luz del mundo: Jesucristo.

El que está “iluminado” no es el que se quiere apropiar de la luz para hacer con ella lo que le place. No, El que está “iluminado” es el que cada día se deja iluminar por el Señor, por su Palabra, y tiene luz, tiene discernimiento, tiene los mismos sentimientos y actitudes que Cristo Jesús (cf. Flp 2).

El que está “iluminado” puede “saborear” la vida, porque tiene la sabiduría del Espíritu. Y por eso, puede vivir en la bendición y en la alabanza, en todo tiempo, porque todo lo vive con el Señor.

El que está “iluminado” vive buscando los bienes de arriba, porque sabe que su vida está con Cristo escondida en Dios.

Jesucristo ha resucitado, ¡Cristo vive! Este la gran noticia de la Pascua. Este es el anuncio sorprendente que nos hace hoy la Palabra de Dios: A Jesús lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios. Jesucristo vive, y vive para siempre.

Esto es lo que el Señor te quiere regalar: una vida nueva. ¡Ánimo! Si todavía no has tenido este encuentro con Jesucristo Resucitado, ¡pídeselo! Si ya te has encontrado con Él, ¡disfrútalo! Y con tu testimonio de vida ayuda a que otros se puedan encontrar con Él.

Si crees, ¡verás la gloria de Dios!

¡¡Feliz Pascua, Feliz Encuentro con el Resucitado!! ¡Feliz Domingo! ¡Feliz Eucaristía!

pastoral

pastoral

Leave a Comment