ALUMNOS DE LA UCV EN LA CÁRCEL. Visita a Picassent

El pasado jueves, alumnos de 3º y 4º de Derecho tuvieron la oportunidad de realizar una visita a la cárcel de Picassent. Bárbara Martínez, compañera de cuarto curso, pudo vivir esta experiencia, y ha querido compartirla con todos nosotros.

“Ya para empezar, me gustaría recomendar  la experiencia al resto de los alumnos, ya que al menos en mi caso, ha cambiado por completo la idea que tenía sobre cómo es una cárcel. Desde luego no es como aparece en las películas o como se ve en la televisión.

Una de las cosas que más me impactó fue que las mujeres que son madres pueden tener a sus hijos con ellas hasta los 3 años. Ver a esos niños viviendo entre muros durante años es algo que no me esperaba. Aunque me gustaría detallar cada sensación, muchas de las cosas que sentimos ese día hay que verlas para poder entenderlo.

He de desmentir la frase que tanto se oye en estos tiempos, eso de “en la cárcel se vive mejor”, no es cierto.
Si es verdad que tienen multitud de actividades y talleres (pintura, cerámica, gimnasio, biblioteca, piscina…) y que pueden realizar trabajos como en la cocina o en el taller de producción. Pero ajustándonos a la realidad, unos cuantos pudimos vivir la experiencia de que nos encerraran en una celda y, desde luego, la sensación no la recomiendo a nadie. Coincidimos todos en el sentimiento de agobio, y es que es un espacio muy reducido para dos personas ¡No creo que yo pudiera aguantar tantas horas al día ahí metida!

Los compañeros realizamos múltiples preguntas interesantes. Interesantes porque obtuvimos muy buenas respuestas que nos ayudaron a comprender el funcionamiento y a aclarar algunas de nuestras dudas.

Tuvimos acceso a gran parte de las instalaciones, como el patio, gimnasio, el taller de producción, la sala de comunicaciones donde se realizan las reuniones con el abogado o la familia, las habitaciones del bis a bis…
Son unas instalaciones enormes. Al atravesar la segunda puerta, ya estábamos perdidos, porque todos los pasillos son iguales. No se cómo se aclaran día a día.

Otra cosa curiosa fue que al pasar por el patio, todos los internos que se encontraban allí en ese momento se nos quedaron mirando. Yo creía que podrían sentirse observados al ver un grupo de gente de “excursión” por allí, pero creo que la que se sintió observada fui yo.

Como es de esperar, dentro del recinto no están permitidas las armas. Hasta las herramientas de la cocina (cuchillos y demás utensilios) están vigilados. En el momento en que salimos para ir de un edificio a otro, nos quedamos entre dos muros enormes y coronados por concertinas. Miraras donde miraras, solo había muro. Fue un poco impactante.

A nivel personal, puedo decir que fue una gran experiencia, ya que he podido saber cómo es una cárcel por dentro y como se desarrolla la actividad interna. Y ver cada rincón, provoca sensaciones que te hacen sentir muy pequeño, y te lleva a pensar y a hacer diferentes juicios de valor sobre la importancia de las cosas, sobre la libertad y sobre nuestro futuro profesional.
Sin duda, vale la pena.”

 ¡Gracias Bárbara, por compartir con nosotros todas esas sensaciones y aportar tu visión sobre esta gran experiencia!

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