Cork, un aula abierta al mundo

Hay experiencias de movilidad que comienzan con un objetivo concreto y terminan dejando aprendizajes que van mucho más allá de lo previsto. Para Carlos Martínez Herrer, profesor de la Universidad Católica de Valencia, su estancia en la University College Cork (Irlanda) supuso una oportunidad para recuperar la práctica del inglés, convivir con estudiantes y docentes de diferentes nacionalidades y descubrir nuevas formas de entender el aprendizaje universitario.

La estancia permitió además observar cómo la Universidad de Cork integra el trabajo cooperativo, las presentaciones grupales y los espacios flexibles en su propuesta educativa. Una combinación de formación, convivencia y observación que convirtió la movilidad en una experiencia de aprendizaje tanto lingüístico como profesional.

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Ha sido una semana intensa de formación por las mañanas, especialmente útil para quienes necesitamos refrescar nuestro inglés, y de asueto —o mejor dicho, Social Program— por las tardes.

Estuve en una clase con otros ocho compañeros de distintas nacionalidades, una circunstancia que te obliga a lanzarte, sí o sí, a utilizar la lengua inglesa. La Universidad receptora realiza una prueba de nivel y una entrevista inicial para ubicar a cada participante en el grupo de clase más adecuado.

Tuve la suerte de coincidir con compañeros de edades y nacionalidades muy diversas: alumnos japoneses, chinos, italianos, franceses… El propio claustro docente era también un ejemplo de crisol de nacionalidades, con profesores canadienses, sudafricanos, ingleses e irlandeses.

Esta diversidad enriqueció especialmente las interacciones orales, ya que cada participante aportaba aspectos de su cultura de origen que eran poco conocidos por los demás. Hablamos de gastronomía, tradiciones y, en mi caso, de elementos del currículo escolar y del sistema educativo de cada una de las nacionalidades representadas. Incluso tuve que realizar una pequeña exposición sobre las Fallas, de la que adjunto una fotografía.

Las tardes y los fines de semana los dedicamos a conocer la cultura local. Visitamos museos, iglesias, tiendas y parques, entre otros lugares. Particularmente interesante me resultó la cultura musical irlandesa. Son abundantes los pubs con música en vivo y las jam sessions de música celta, donde conviven los parroquianos tradicionales con turistas y estudiantes.

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En definitiva, la movilidad en Cork ha sido una experiencia de formación lingüística, intercambio cultural y aprendizaje profesional. Además de mejorar mi inglés y conocer una realidad universitaria diferente, me llevo nuevas ideas sobre el trabajo colaborativo, la organización de los espacios de aprendizaje y la importancia de generar oportunidades para que los estudiantes aprendan también unos de otros.

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