Entre jardines, ideas y conversaciones de inglés
La movilidad de Alina Hohanhola, del Servicio de Docencia Virtual en la University College Cork ha sido una experiencia especialmente enriquecedora, no solo por la mejora del nivel de inglés, sino por todo lo que implica vivir el aprendizaje en un entorno internacional y dinámico.
Desde el primer momento, la inmersión lingüística se convierte en una herramienta poderosa: todo ocurre en inglés y eso impulsa a comunicarse con mayor soltura y confianza en muy poco tiempo. El ambiente en clase, cercano y relajado, facilita perder el miedo a equivocarse. El profesorado apuesta por metodologías participativas donde el alumnado es protagonista, a través de debates, trabajo en grupo y resolución de casos prácticos, lo que hace que el aprendizaje sea mucho más activo y significativo.
Más allá de las clases, la experiencia ha permitido ampliar horizontes profesionales. El contacto con otros participantes y la posibilidad de compartir ideas sobre docencia —especialmente en el ámbito de la enseñanza virtual— han generado un espacio de reflexión muy valioso. Este intercambio de experiencias permite identificar prácticas que pueden trasladarse y adaptarse al contexto propio, enriqueciendo así el trabajo diario.
El entorno también ha jugado un papel fundamental. El campus de Cork destaca por su belleza y funcionalidad: zonas verdes, espacios acogedores, bibliotecas bien equipadas y cafeterías que fomentan incluso hábitos sostenibles como la reutilización de envases. Todo ello crea un ambiente que invita tanto al estudio como a la convivencia. Fuera del campus, la ciudad ofrece una gran variedad de opciones culturales y de ocio, desde música en directo en pubs hasta museos y paisajes naturales.
De esta experiencia surgen algunas ideas interesantes que podrían aplicarse en el entorno universitario de la UCV son:
- Metodologías activas y participativas, que fomenten la implicación del alumnado mediante dinámicas colaborativas.
- Espacios universitarios más humanos y sostenibles, pensados no solo para estudiar, sino también para socializar, descansar y trabajar en equipo.
En definitiva, esta movilidad ha demostrado que aprender, compartir y crecer profesionalmente puede ir de la mano de disfrutar del entorno y de las personas. Una oportunidad que deja huella y que refuerza el valor de la internacionalización en la universidad.













