Una semana en Lyon donde la docencia y la ciudad dejan huella
Hay movilidades que se recuerdan por lo que se aprende y hay movilidades que se recuerdan por cómo te tratan. La primera estancia en la Universidad Católica de Lyon, y en concreto en su Escuela de Grados Internacionales ESTRI, fue de las dos cosas a la vez.
Desde el primer momento, la integración fue fluida. Karyn Galland se encargó de mostrar las instalaciones y presentar a Dominique Vinay, directora del ESTRI, y al equipo de profesores internacionales. Ese acompañamiento desde el primer día no es un detalle menor: marca el tono de toda la estancia y facilita que el trabajo conjunto arranque sin fricciones. La comunicación con el responsable de movilidades, Konstantin Shorokhov, había sido igualmente ágil desde antes de llegar, lo que permitió llegar con todo preparado y sin imprevistos.
El edificio del ESTRI ya es en sí mismo una declaración de intenciones. Su arquitectura integra estructuras del pasado dentro de un espacio contemporáneo, y esa convivencia entre tradición y modernidad se nota también en la forma de enseñar. Desde los primeros cursos, la orientación profesional es explícita y deliberada. Fue la profesora Florence Cuillé quien propuso diseñar conjuntamente una secuencia didáctica en torno al género de la entrevista de trabajo aplicada a puestos del ámbito de las relaciones internacionales. El resultado fue una actividad que combinaba ejemplos reales del género, adaptación del currículum al mercado laboral y práctica oral a través de un roleplay con retroalimentación. Exactamente el tipo de aprendizaje que conecta el aula con lo que viene después.
Los días siguientes, Francis Buil-Goyet y María Laura Cid abrieron sus clases para trabajar juntos contenidos de español aplicado a la publicidad, español jurídico y la dimensión cultural del Tribunal de las Aguas de Valencia. Llevar ese patrimonio valenciano a un aula lionesa tiene algo de paradoja hermosa que no pasa desapercibida.
Y luego está Lyon. Una ciudad que no necesita imponerse para impresionar. Sus mosaicos, sus basílicas que guardan todavía capas del mundo clásico, los pueblos de los alrededores con restos romanos a orillas del Ródano y el Saona. No en vano fue la capital del imperio en la Galia. Lyon calla mucho, es cierto, pero quien presta atención escucha siglos.













