Fisioterapia en contacto con la realidad: lecciones desde la Sapienza de Roma
La Università degli Studi di Roma, La Sapienza es una de las universidades más antiguas y reconocidas de Europa, y visitarla no es solo una experiencia académica: es también una oportunidad para replantearse cómo se enseña y cómo se aprende. Con ese espíritu, la profesora Miryam García-Escudero, de Fisioterapia, viajó hasta Roma para observar de cerca su modelo de formación en Fisioterapia, un enfoque que integra la práctica clínica real en el corazón mismo de la docencia universitaria.
Lo que más llama la atención del modelo de la Sapienza es su capacidad para eliminar la frontera entre el aula y la clínica. Los estudiantes de Fisioterapia trabajan con pacientes reales desde los primeros momentos de su formación, organizados por rincones temáticos según la especialidad. Cada espacio recrea un contexto clínico concreto, de manera que el alumno no solo adquiere conocimientos teóricos, sino que los aplica de inmediato en situaciones auténticas.
Esta integración es posible gracias a una decisión arquitectónica y organizativa que merece atención: las clases teóricas se imparten en las mismas instalaciones donde se atiende a los pacientes. No hay separación física entre la formación y la práctica asistencial. El resultado es un entorno de aprendizaje donde la teoría cobra sentido en tiempo real, y donde el estudiante desarrolla desde el inicio una mirada clínica que en otros modelos formativos tarda años en consolidarse.
Observar este sistema en funcionamiento invita a reflexionar sobre el valor de acercar a los futuros profesionales de la salud a su realidad laboral sin esperar al último tramo del grado. La responsabilidad, la comunicación con el paciente y la toma de decisiones dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en competencias que se entrenan desde el primer curso.
Esta movilidad ha reforzado la convicción de que la innovación docente en ciencias de la salud no requiere necesariamente grandes recursos tecnológicos, sino sobre todo voluntad institucional para repensar los espacios y los tiempos del aprendizaje. Roma, en este sentido, tiene mucho que enseñar.













