La relevancia de los programas basados en la evidencia científica en la prevención e intervención psicológica, por Julie Van Hoey.

LA RELEVANCIA DE LOS PROGRAMAS BASADOS EN LA EVIDENCIA CIENTÍFICA EN LA PREVENCIÓN E INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA, por Julie Van Hoey.  

En los últimos años, la prevención se ha tornado de gran relevancia, y, bajo las indicaciones de la Unión Europea se ha convertido en el centro de atención de los planes nacionales, autonómicos, locales, etc. debido en parte a la concienciación sobre la necesidad de evitar que ocurra un acontecimiento no deseado y en parte al costo económico que supone. De hecho, si se fomentan estilos de vida saludables, se aumenta la probabilidad de que no se adquieran hábitos insanos, reduciendo, por tanto, la probabilidad de sufrir distintas problemáticas y/o enfermedades.

Una de las estrategias de prevención más habitual es la realización de programas preventivos y de intervención. Sin embargo, no todos los programas son adecuados y demuestran eficacia. Por ello, es necesario que a la hora de elaborar un programa, éste cuente con algunas características determinadas para poder alcanzar unos resultados positivos contrastables.

Un programa está basado en la evidencia cuando ha sido evaluado exhaustivamente, normalmente mediante un ensayo controlado aleatorizado o un diseño cuasiexperimental, y ha demostrado de forma inequívoca que posee un efecto positivo en uno o más resultados relevantes (Social Research Unit, 2012).

Es importante resaltar que para que un programa preventivo pueda caracterizarse como un programa basado en la evidencia, será fundamental el diseño de la evaluación y de la planificación del programa de manera interrelacionada. Concretamente, será necesario realizar una evaluación exhaustiva de las necesidades de la población diana, de la planificación de nuestro programa, del procedimiento de dicho programa así como de los resultados que vamos a obtener al final la intervención. Con todo ello, nos podremos asegurar de que la estrategia de intervención tenga justificación empírica-racional y que haya coherencia entre todos los elementos del programa (recursos, actividades, objetivos…).

Para finalizar, debemos tener en cuenta los estándares de evidencia establecidos para los programas que tienen como objetivo alcanzar la evidencia científica, los cuales cubren cuatro dimensiones:

  • La calidad de la evaluación, es decir, especificar cómo se ha realizado el estudio sobre la eficacia del programa y si produce resultados válidos y fiables.
  • El impacto de la intervención, es decir, la proporción de cambio positivo en los resultados de las variables clave que puede ser atribuida al programa.
  • La especificidad de la intervención, es decir, elaborar un programa bien enfocado, práctico, lógico y, por lo tanto, derivado de conocimientos existentes y contrastados a nivel científico.
  • La disponibilidad de su diseminación, es decir, que el programa diseñado se pueda replicar. Para ello, debe contar con el apoyo, información y materiales necesarios para posibilitar una implantación exitosa en otras comunidades, población, entidades, etc.

Sobre la autora: Julie Van Hoey

Julie VanPsicóloga jurídica y general sanitaria. Doctoranda con mención internacional en Psicología en la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir. Profesora universitaria en el Máster Universitario en Psicología Jurídica y en el Máster Universitario en Victimología y Justicia Penal de la UCV. Psicóloga en programas de intervención psicológica en Medidas Alternativas: en concreto, el Programa de intervención en agresores de violencia de género (PRIA-MA), el Programa de intervención, sensibilización y reeducación en competencias sociales (PROBECO) y el Programa de intervención psicoeducativa en seguridad vial (TASEVAL/PROSEVAL). Co-fundadora de Kayros Salud y Kayros Jurídica.

Máster Universitario en Psicologia Jurídica 

Postgrados de Psicología, Terapia Ocupacional y Logopedia

UCV

 

 

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