La culpa durante el duelo

La culpa durante el duelo.

Culpa, querida enemiga.

Por Marisa Magaña Loarte

Cómo cada domingo, Jesús conducía su furgoneta por los angostos caminos que llevaban a su finca extremeña cuando, contra toda expectativa, una moto de cross apareció a toda velocidad en sentido contrario, el camino  estrecho y el sentido único dificultaron el que Jesús pudiera evitar el mortal impacto contra el joven que manejaba, tan temerariamente, su vehículo. Jesús salió físicamente ileso pero psicológicamente roto. La culpa por sobrevivir le castiga día y noche no dejándole apenas dormir, comer o relacionarse con su familia.

Un conductor ebrio sesgó en un instante los 17 años de vida de Claudia. Un paso de cebra no respetado unido a la poca visibilidad del momento, provocaron que el cuerpo sin vida  de esta adolescente terminara tendido en la carretera que separaba su casa del ultramarinos de su pueblo. Un año después su madre, Marina, siente que no tiene fuerzas para seguir adelante, se culpabiliza cada día por no haberlo impedido de la manera en que fuera posible.

A comienzos del mes de mayo una torrencial tormenta provocó que el autobús escolar en el que  viajaba Pablo se precipitara por un precipicio. Pablo falleció allí mismo y casi con la misma violencia la culpa “arrasó” a su madre, que se reprocha obsesivamente  el haber permitido ir a su hijo a la excursión.

Al igual que ellos, cientos de personas que sufren la desgracia de perder a un ser querido han de enfrentarse cada día  a un sentimiento, mucho más potente que la propia tristeza y que les impide no sólo encontrarse bien, sino incluso la posibilidad de poder intentarlo; La culpa, uno de los sentimientos con mayor capacidad desestabilizadora y bloqueante y tan unido al duelo como la propia carne a la piel.

¿Por qué aparecen sentimientos de culpa ante una muerte cuando no se ha sido responsable de ella?

Desde mi experiencia  profesional, cuando perdemos a alguien que queremos, emocionalmente solemos quedarnos en un estado de gran vulnerabilidad. Poco a poco se va aprendiendo a tolerar y compensar dicha vulnerabilidad,  pero la tendencia primaria es a buscar la protección. Aunque parezca contradictorio esa protección emocional inmediata en muchas ocasiones  nos la proporciona la culpa.

¿Cómo nos protege la culpa ante una pérdida?

index-315754_640Son varias las funciones en las que se afana la culpa tras la pérdida de un ser querido.

En primer lugar sentirse culpable, pensar una y otra vez en lo que ocurrió, en lo que se hizo y se dejó de hacer, es una manera inconsciente de “seguir unido” a la persona fallecida, de no olvidarla, de traerla al presente a golpe de recuerdo y sobre todo de no “enterarse” de lo mucho que duele estar sin la persona querida.

En un alarde de naturalidad me atrevería a decir que es una forma de distraer la mente y el “corazón” para poder mantenerse en desconexión con la profunda tristeza que trae la añoranza del ser querido.

Y no es que no se sufra sintiéndose culpable pero el propio componente de ira, de rebeldía, de inconformismo, la hace más soportable que la tristeza, la cual, te empuja a la reflexión, a encontrarte contigo mismo, a la asimilación de los propios límites. Es por eso que la tristeza puede hacernos sentir aún más vulnerables, y como  ya se ha comentado, hasta para tolerar estar triste hay que estar preparado.

Otra forma de alivio momentáneo que puede proporcionarnos la culpa es la falsa percepción de que tenemos control sobre la muerte. Pensar que hubo un culpable lleva implícito el hecho de que si se hubieran hecho las cosas de otro modo, la muerte se podría haber evitado, igual que se podrán evitar las muertes de quien queremos, si ponemos empeño en ello.

Esta falacia sobre el control, impide de forma inicial, tomar conciencia plena de la falibilidad, vulnerabilidad y finitud que lleva la condición humana.

En tercer lugar la culpa  nos alivia con la propia función adaptativa, de reajuste, que como toda emoción o sentimiento, conlleva.

Tomando como ejemplo los casos iniciales, cuando Jesús, Marina o la madre de Pablo hubieron de enfrentarse a su pérdida, una serie de valores se pusieron en entredicho. En el caso de Jesús sus principio ético de no causa daño a los demás se puso en cuestión cuando, aún involuntariamente, se percibió como causante del mayor de los daños, tanto al chico fallecido como a todos sus seres queridos. Al fin y al cabo  para el inconsciente lo que cuenta es el resultado final, la muerte.

Marina o la madre de Pablo, como la gran mayoría de las madres occidentales, en su manera de entender la maternidad como protección incondicional, sintieron que algo debían haber hecho mal ya que no  “fueron capaces” de proteger a sus hijos de semejante daño.

La culpa viene por tanto para ayudar a realizar ese reajuste de valores que han quedado vulnerados; a través de la propia expiación que conlleva el dolor de sentirse culpable por la muerte; “He de ser buena madre cuando me torturo y sufro  de esta manera por lo que le ha pasado a mi hijo” Se podría decir que es el castigo emocional que me infrinjo para poder conectar con mi “parte buena”.

La culpa, como cualquier mecanismo de defensa, nos pone en disposición de poder soportar lo ocurrido, pero poco a poco, en ocasiones con  recursos propios y en otras con ayuda de expertos en duelo, ha de ir haciendo crisis dejándonos avanzar hacia la verdadera conexión con el yo a través de la reflexiva tristeza.

Sobre la autora

fotoMarisa Magaña Loarte. Psicóloga sanitaria, máster de counselling, máster de duelo y máster en psicología de la vejez. Formada en intervención en cuidados paliativos y técnica en prevención de conductas adictivas. En el año 2001 puso en marcha el servicio de atención psicológica en duelo de la Fundación Mario Losantos Del Campo, dotando de formación a todo el equipo de trabajadores y voluntarios que lo integraban. Autora de varios artículos y libros de counselling y de intervención en duelo, tales como: Quía para padre sobre cómo educar adolescentes desde el counselling y el Modelo Humanizar de intervención  en duelo complicado. En la actualidad dirige el Centro de Escucha San Camilo, centro de counselling referente en España por su atención en situaciones de crisis vitales y principalmente en duelo complicado. En este mismo Centro supervisa y da formación de counselling y duelo a los más de 100 escuchas voluntarios y atiende diariamente personas en situaciones de duelo o crisis. Tutoriza alumnas en prácticas de psicología sanitaria de diferentes Universidades de Madrid. Es profesora del Centro de Humanización de la Salud donde imparte principalmente cursos de counselling y duelo. Es profesora del módulo de grado medio de Formación Profesional de Atención a la dependencia, impartiendo la signatura de Atención y apoyo psicosocial. Ha impartido conferencias y realizado talleres en Jornadas sobre humanización, Alzheimer, duelo, etc. Es coordinadora y docente del máster de intervención en duelo del Centro de Humanización de la Salud. Profesora del máster de counselling de este mismo centro. Imparte clases igualmente en el máster de counselling de la Universidad Perre Tarres de Barcelona. Lleva más de 20 años trabajando y acompañando a personas en situación de gran sufrimiento por perdidas de seres queridos, de salud, empleo, pareja, etc., y  el counselling es  su  herramienta de trabajo diario.

Máster Universitario en Relación de Ayuda y Counselling

UCV

Fuente de las imágenes: Pixabay

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