Scholas occurrentes.

Marinero en tierra.

Scholas occurrentes     

Escrito por Agustín Domingo Moratalla.

Domingo 21 de febrero de 2016, en Las provincias. Grupo Vocento. 

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Con el nombre de “Scholas occurrentes” se ha creado en Roma una Fundación para promover un modelo innovador de escuela. Se trata de un modelo educativo que puso en marcha el Papa Francisco cuando era Arzobispo de Buenos Aires y que tiene como finalidad promover una “cultura del encuentro”, fomentando la participación social, el compromiso cívico y la transformación social. Una convicción fundamental preside el proyecto: la clave de cualquier cambio social pasa por un cambio educativo.

 

Este proyecto ya está en marcha en Valencia porque Ignacio Sánchez Cámara, rector de la Universidad Católica de Valencia, firmó la semana pasada un acuerdo para el lanzamiento de “Scholas” en España. Aunque el proyecto arrancó en Madrid hace unos meses, las posibilidades que ofrece el entorno universitario, la red de colegios diocesanos de Valencia y el entusiasmo de los dos profesores que lo lideran, garantizan el éxito de esta iniciativa. La Vicerrectora Yolanda Ruíz y el profesor Carlos Novella están convencidos de que la creación de la “Cátedra Scholas” no sólo será una oportunidad para el desarrollo organizativo de la universidad sino una herramienta educativa para fortalecer la cohesión social, la educación inclusiva y, sobre todo, el modelo de escuela que necesita la “ecología integral” que reclama la Iglesia después de la encíclica Laudato Sí.

 

El adjetivo “occurrente” describe un modelo de escuela que “corre al encuentro”, que “está presente”, que “hace frente”, que “arrostra”, que da la cara, que marcha con ánimo y sin miedo. A diferencia de otros modelos que se olvidan del compromiso que la escuela tiene con iniciativas de justicia social, de promoción de una ciudadanía activa, de compromiso cultural y de dinamización de los entornos comunitarios, este modelo tiene como finalidad abrir, fortalecer y mantener puentes entre las aulas y la calle. Para ello no basta sólo una programación educativa basada en actividades comunitarias sino una serena y responsable reflexión sobre el juego, la belleza y las nuevas formas de aprendizaje en la era digital.

 

Además del deporte y la cultura, este modelo de escuela tiene un elemento pedagógico que suele pasar desapercibido: el vecindario. Estas “scholas” surgieron como escuelas de vecinos para integrar escuelas separadas, barrios separados, actividades separadas o programas separados. Las actividades deportivas y culturales con las que nacieron no tienen como finalidad homogeneizar o suprimir las diferencias sino facilitar la integración social. Pero no se trata de un vecindario virtual o cosmopolita sino un vecindario de carne y hueso para organizar la educación “en clave de servicio”. Una voluntad de integración que también se construye con un lema recurrente que parecen ignorar algunos políticos de nuestro país: sin integración no hay pacto educativo.

 

 

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