Educar es caminar entre la zona de riesgo y de seguridad

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El Papa Francisco afirma que: “Siempre la educación supone un desequilibrio. Uno empieza a  aminar cuando nota lo que le falta, porque si no le falta algo no camina”. Para él, educar es  mantener la proporción entre la zona de riesgo y de seguridad.

En todo proceso educativo, el educando debe de estar entre ambas zonas: la zona de seguridad, aquélla donde reside todo lo adquirido y aprendido que hace que la persona se sienta tranquila porque tiene cierto dominio. Y la zona de riesgo, donde el alumno no se siente cómodo ni seguro porque se trata de una zona que no se conoce. Progresivamente, la zona de riesgo irá transformándose en zona de seguridad y el alumno se sentirá nuevamente cómodo. Esto será un avance para el alumno en su proceso educativo. Pero la  zona de riesgo debe ser adecuada a la persona, al contexto y sobre todo, a la zona de seguridad.

Desde esa postura, aquellas personas que son autoridad para el alumno deben formar parte de la  zona de seguridad y transmitir certezas desde el plano experiencial, siendo coherentes entre lo que  piensan, sienten y hacen. El adulto debe moverse en certezas existenciales si quiere ser una zona de seguridad para el joven. Hay que proponer estilos pedagógicos que promuevan el crecimiento tanto humano como espiritual. Cuando son las certezas o valores culturales y pasajeros las que adquieren protagonismo, impedimos la educación de los chicos y de los jóvenes. Por eso, coherencia y testimonio son imprescindibles para educar al joven de hoy.

Yolanda Ruiz Ordoñez

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